La Luna Alquímica y Hermética en la Masonería

Por: Víctor. A. Cabello Reyes

Uno de los símbolos más importantes dentro de la Masonería es sin duda alguna, la Luna. Considerada en muchos rituales como una de las Luces Mayores, su profundo significado, no ha sido estudiado con la debida atención y rigor dentro de las investigaciones masónicas. El simbolismo lunar es muy antiguo desde la perspectiva y tradición mítica simbólica, llegando a representar, no pocas veces, una interminable lucha, dualidad y antagonismo cíclico, entre estos dos principios complementarios y eternos: el Sol y la Luna. Como es bien sabido, la observación de los eventos cósmicos no escapó desapercibida a la mirada investigadora y mágica del hombre primitivo. Desde entonces, la Luna ha sido uno de los más claros objetivos de su dedicada y fiel observación. Sin duda, los aspectos cambiantes de ella como reina de la noche provocan inescrutable misterio en el ser. Así pues, sus cuatro fases de siete días formaron parte esencial de la contabilidad rigurosa y estricta de la siembra y cosecha. Adicionalmente, ha sido asociada con la fertilidad femenina y con el ciclo menstrual. Es evidente su relación a la manifestación de múltiples aspectos relacionados con la procreación, creación y la destrucción. Mens, el origen del término mes, es luna. Agrippa von Nettesheim, argumentaba: “En esas veintiocho estaciones se ocultan muchos secretos de los antiguos, mediante los cuales influían prodigiosamente en todas las cosas sublunares” (De Occulta Philosophia, 1510). Para Michael Maier, la Luna era el receptáculo o la fuente del agua viviente del Sol. Desde la época paleolítica, los poderosos cuernos de la vaca celeste, se asociaban con la luna creciente, como también, con el grandioso simbolismo de la Gran Madre. Como símbolo femenino, la luna creciente específicamente se asocia con los cuerpos de agua. Debido a su “aparición y desaparición”, el cambio de fases y de formas cíclicas, fue considerada por la mentalidad de las sociedades más antiguas como símbolo de la renovación y la más fiel representante de los continuos ciclos del nacimiento, crecimiento, muerte y regeneración. La mentalidad primitiva ‒decía C. G. Jung‒ no inventa mitos, sino que los experimenta.
Por otro lado, desde la época sumeria, en la luna y sus arquetipos, se reúnen la femineidad, fecundidad y la nutrición. Es interesante notar que estos se representan maravillosamente en la rica iconografía de muchos templos y altares. Al parecer, algunas diosas madres eran en su mayor parte diosas de la luna. Un ejemplo es la diosa sumeria-semítica Nanna-Sin, documentada desde la tercera dinastía de Ur. Podemos añadir que a la luna la encontramos evidenciada entre las estelas babilónicas y piedras catastrales demarcadoras de los límites (Kudurru) del siglo XII a. c. (ver: Piedra del Rey babilonio de Susa Melisipak II, 1500ª.c. Louvre). Sin embargo, es en el Génesis donde ya se nos señala a la Luna como lumbrera menor y señora de la noche (Génesis 1:16). El enorme disco esculpido de la desmembrada Coyolxauhqui, diosa de la Luna, en el Templo Mayor de la ciudad de México comparte similitudes. En toda Mesoamérica, existía cierta tendencia de asociar a la luna con el conejo. Por una parte, esta forma se puede evidenciar y apreciar claramente entre el juego de sombras y luz de la luna. Por otra parte, en la extraordinaria iconografía Maya, una hermosa mujer como diosa lunar que frecuentemente aparece sentada en la luna creciente con un conejo entre sus brazos.
En la masonería este símbolo es introducido fundamentalmente a través de la geometría y la arquitectura del Arte Operativo catedralicio medieval de los Maestros Sculptores Lapidum Liberorum. De esta manera extendieron ampliamente sus principios espirituales el siguiente lema de fundamento: Ex Uno Omnia. Para el Dr. S. Brent Morris: “Freemasons obviously knew “secrets” of geometry and architecture that enable them to build the soaring gothic cathedrals’’ (Freemasonry, p. 9, 2006). También para A. G. Mackey: “La adaptación de la luna en el sistema Masónico como símbolo es análoga, aunque difícilmente pueda derivarse del empleo del mismo símbolo en las religiones antiguas’’ (Enciclopedia de la Francmasonería; Tomo III p. 894). Esta analogía y adaptación se evidencia dentro de la masonería por sus diversas corrientes históricas y tradicionales. Estas son el Arte Operativo, la alquimia y el Hermetismo. Posiblemente, muchos de estos elementos del riquísimo simbolismo Hermético se conectaron y asimilaron más formalmente con la masonería durante el siglo XVI hasta el siglo XVIII. Dejando claramente la enorme posibilidad abierta de ser aún anteriores. Según el estudioso Ferrer Benimeli, desde finales del siglo XVIII un número considerable de masones estaban activos en la Iglesia católica como monjes o sacerdotes. La trayectoria simbólica de la luna en la Orden se asocia al tema educativo del Tracing Board. Durante la época operativa estos símbolos se estudiaban por los maestros arquitectos y se plasmaban en el piso con tiza. Posteriormente, los paños de tela (Master Carpet) fueron más fáciles de transportar y mover de logia en logia. Hay evidencia de la luna en ellos desde antes del siglo XVII. Igualmente, la luna aparece en ellos sobre una de las columnas del pórtico del Templo. En ellos se ilustraba el material simbólico del grado correspondiente. Gran cantidad de símbolos que encontramos en los templos y antiguos mandiles provienen del elaborado conocimiento alquímico de los estudiosos y eruditos Maestros Constructores, alquimistas y herméticos (ver: Freemasonry, Symbols, Secrets, Significance.W.Kirk MacNulty, p. 98, 114-115, 129, 144). Posiblemente, muchos de estos símbolos fueron asimilados e introducidos por los monjes Maestros arquitectos de los conventos y sacerdotes del scriptorium sumamente educados. Durante el siglo XVIII logias masónicas fueron establecidas en Monasterios Benedictinos. Albert Pike, en la obra: “Symbolism of the Blue Degrees of Freemasonry” p.104, describe esta relación: “By this and many other proofs we know that the symbols of Freemasonry were introduced into it by the Hermetic philosophers of England”. Así por ejemplo, A. G. Mackey también afirmaba que: “Este Hermes Trismegistus, cuya realidad de existencia es dudosa, fue declarado por los alquimistas como el fundador de su arte, de donde proviene la ciencia Hermética, y de donde la tomamos para la masonería, Ritos Herméticos y Grados Herméticos” (Enciclopedia p. 771 Tomo II).
Y en efecto, recordemos al importantísimo masón Elías Ashmole, quien se hacía llamar Mercuriophilus Anglicus (English Mercury Lover). Mercurio es el Servus Fugitivus o ciervo fugitivo de la obra. Albert Pike trata ampliamente la extraordinaria relación entre alquimia y masonería en su monumental obra Moral y Dogma: “The Master of Light and Life, the Sun and the moon, are symbolized in every Lodge by the Master and Wardens… ’’ (p.13). De esta manera, en la sublime tradición hermética y alquímica vemos el precepto del fundamento expuesto en la Tabla Esmeralda: “Su padre es el Sol, su madre la Luna…”. Estos símbolos han continuado enriqueciendo la imaginación de los adeptos e iniciados por siglos. La luna se asocia a la plata en la alquimia. En el Opus Magnum el principio lunar es femenino y se encuentra en constante lucha dialéctica ‒como fuerza polar‒ con el otro principio solar. De esta manera, el punto culminante del Opus sería la conjunción y fusión de estos dos principios antagónicos pero complementarios. El azufre (Sol) y Mercurio (Luna) tienen clara correspondencia con los principios masculino y femenino. “La luna llena es al agua filosofal y la raíz de la Ciencia. Pues la Luna es la soberana de la humedad, la piedra perfecta y redonda y el mar, de lo que he comprendido que ésta (Luna) es la raíz de esta Ciencia Oculta”, decía el Adepto. Agua=Humidum Radicale, Sperma Mundi. Mercurio (árabe: Al-baida= el Blanco) y azufre (árabe: Kibrit=azufre) vienen a ser la esposa blanca y el esposo rojo que culminarían el Opus, con su producto final como Filius Noster o el Hijo Rojo del Sol. La luna paridora vibrando en su fluido viscoso, húmedo y mercurial nutre y vivifica en su “utérico atanor” (árabe: at-tannur, horno) al Hijo del Sol. La luna madre reina sobre la humedad del útero. Para el viejo alquimista y sabio D. Stolcius von Stolcenberg (Viridarium Chymicum, Francfort, 1624) la alquimia era una forma singular de agricultura celeste y a la materia fértil de la obra se le añadía el fermento del oro solar y la plata lunar.
Rebis es la cosa doble y entre su enlace hermafrodita las dos cosas se hacen UNA. Los principios masculino y femenino, Sol y Luna, son una dualidad energética, una poderosísima “coniunctio” o matrimonio químico para la esencia profunda del Opus Magnum. Julius Ruska afirmaba: “Por tanto, unid al hijo masculino del esclavo rojo con su fragante esposa y, unidos, producen el Arte’’ (Turba, p. 62). En efecto, representan ambos el matrimonio alquímico entre el azufre y mercurio, cuyos principios fundamentales de enlace producen la figura del hermafrodita, o sea, de Hermes y Afrodita. Una gran energía solo surge de la correspondiente tensión de grandes oposiciones, decía el incomparable Jung. Para el Maestro Robert Fludd, esa dualidad energética se manifiesta ampliamente en la tradición platónica hermética. Se encuentra así puramente concentrada en la totalidad del sistema coherente de significaciones del microcosmos Hombre, (Magnum Miraculum) y claramente se manifiesta entre sus múltiples correspondencias y correlaciones astrológicas y zodiacales con el cuerpo humano. Entre las cuales, el Hombre es su continuum espejo virtual (Robert Fludd, Historia de los dos Cosmos= Utriusque Cosmi, Tomo I, Oppenheim, De Bry, 1617-9). “Lo que está abajo es como lo que está arriba”. Similia Similibus Curantur… el Astro en el Hombre, es toda una maravillosos estructura astrofisiológica en el Hombre, rezaba el gran Paracelso. Para terminar, es importante mencionar que es toda una Estructura Espiritual o Pansophia, que como Sophia celestial comienza hoy a vislumbrarse desde el pórtico del Nuevo Templo.


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